Hallazgo 56: Conversaciones difíciles

Hoy quiero comentaros un artículo muy interesante de Peter Bregman sobre las conversaciones difíciles, es decir, aquellas que nos provocan nerviosismo, miedo o directamente terror.

Estas conversaciones se caracterizan inicialmente porque tardamos tiempo en decidir que son necesarias; una vez que somos conscientes de la necesidad de la conversación, tendemos a postergarlas y, por último, cuando las tenemos suelen salirnos mal porque el momento que elegimos para ello no es el adecuado. Como prevemos que va a ser difícil nos ponemos a la defensiva y, además, damos por hecho que la respuesta de la otra persona va a ser negativa. Todos estos factores influyen para que, efectivamente, la conversación salga tal y como esperamos, es decir, mal. Este resultado nefasto contribuye a aumentar nuestro miedo ante este tipo de conversaciones y entramos de nuevo en el círculo de posponerlas.

En su artículo, Peter Bregman cuenta un caso personal sobre cómo decirle a un colaborador que no le va a asignar la responsabilidad de un proyecto dado que, a pesar de que durante años el trabajo conjunto ha sido bueno, últimamente los resultados y la actuación de ese colaborador no están a la altura de la responsabilidad requerida para el proyecto.

Cada uno, nos podemos imaginar la conversación más difícil que tengamos pendiente. El consejo que da Bregman, es que lo primero que debemos hacer es exactamente lo contrario de lo que solemos.

Normalmente preparamos el contexto para que la otra persona entienda lo que nos ha llevado a tomar esa decisión, que siga nuestra línea de pensamiento con la esperanza de que llegue a la misma conclusión que nosotros. Lo que, seamos sinceros, pocas veces ocurre. Aquello que a nosotros nos parece obvio depende no sólo de los hechos que hayan sucedido sino sobre todo de nuestra interpretación de los mismos, luego es altamente probable que su conclusión difiera de la nuestra.

Por eso Bregman aconseja que el principio de la conversación sea el final de nuestro pensamiento, es decir, la conclusión a la que hemos llegado y el motivo real por el que hemos decidido que esa conversación es necesaria. En su caso, en la conversación con el colaborador, sería algo como: “Hola, buenos días, gracias por venir a esta reunión, he llegado a la conclusión de que no vas a liderar el proyecto X y me gustaría explicarte los motivos para esta decisión”. A partir de ahí, el colaborador puede decidir si quiere conocer los motivos, puede hacer las preguntas que considere oportunas sobre su futuro y puede, seguramente, digerir mejor la información y, sobre todo, prestar atención a las explicaciones.

conversacion

 

Lo que ocurre cuando preparamos el contexto es que, a menudo, la persona nos escucha intentando adivinar dónde vamos a llegar y, por lo tanto, sin la claridad necesaria para hacer las preguntas que le surgirán cuando al final le comuniquemos la noticia y consideremos que la conversación ha finalizado.

El segundo paso para afrontar nuestra conversación difícil, es que tras haber trazado la esencia de nuestro planteamiento, necesitamos dar explicaciones, a ser posible con ejemplos y escuchar las preguntas que nos plantee la otra parte para dar una respuesta lo más honesta y directa posible, esto a veces incluye decir las palabras “no lo sé” o incluso cambiar de opinión. Si además, conseguimos expresarnos con claridad y sencillez entonces casi seguro que será una buena conversación.

El autor del artículo dice que hacer esto suele costar mucho al principio cuando uno no está acostumbrado y que se necesita una gran valentía emocional, pero que después de haberlo hecho en alguna ocasión se interioriza y es lo que mejor funciona tanto para la persona que escucha como para la que plantea la conversación.

Me atrevo a añadir que además del coraje emocional, necesitamos también ser capaces de tener una reflexión previa orientada a esa conversación. Esta reflexión no debe ser muy larga ni nos debe servir de excusa para postergar; en ella simplemente debemos tener claro nuestro planteamiento y nuestras razones para poder transmitirlas de la manera más sencilla. En el instante que nos demos cuenta de que estamos anticipando las posibles reacciones de la otra persona, sabremos que ha llegado el momento de acabar la reflexión y pasar a la acción.

Buen comienzo de curso y buenas conversaciones para todos.

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