¿Motivado o motivadicto? Las trampas de la motivación

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¡Qué difícil es a veces esto de creer en  uno mismo y motivar tanto tu propio desarrollo como el de tu gente, ¿verdad?!

Lo digo en serio. Una vez que empezamos a asumir responsabilidad por las cosas que suceden a nuestro alrededor y somos conscientes de que cuando nos quejamos no estamos solucionando nada, sino que estamos adoptando una posición de victima que nos debilita; cuesta mucho emitir una queja sobre algo o alguien sin que surja inmediatamente la pregunta y ¿qué puedo hacer yo con esto que se plantea ahora?

En ocasiones,  me siento tentada a bajar la guardia, dejarme inundar por el pesimismo y pronunciar aquello de que “por qué tenía que pasar esto” y “ya no puedo mas” y confieso que, a veces, sucumbo a esta tentación. Me detengo a pensar en lo insatisfecha que me siento en algún aspecto de mi vida o cuanto me entristece una relación o la mala  suerte que he tenido cuando algo no ha salido como yo esperaba.

De hecho, creo que tener estos momentos de «bajón», me ayuda. Me recuerdan que soy humana, me permiten levantar el pie del acelerador, me conceden espacio para gestionar mis emociones y para, de alguna manera, “cuidarme”, “comprenderme” y “escucharme”.

En mi trabajo, con profesionales de pequeñas y medianas empresas, he observado que los directivos  sufren, a veces, de esta exigencia de su propia motivación y la de su equipo y no se permiten caer en el desaliento.  Cuando has trabajado la motivación eres muy consciente de la importancia de tus pensamientos y ponemos mucha atención en elegir aquellos que nos van a ayudar a alcanzar nuestra meta. 

El problema surge cuando al intentar generar esos pensamientos que nos van a ayudar a sentirnos motivados, estamos ignorando nuestras emociones de tristeza por la perdida de una oportunidad, nuestro enfado porque alguna persona ha traspasado nuestros limites o incluso nuestro asco ante una decisión corporativa que va en contra de nuestros valores.

A veces, sucumbir a la tentación del desánimo nos ayuda a tener una dosis extra de autoconocimiento, reflexión y empatía, tres aspectos muy necesarios para incorporar a nuestra competencia de liderazgo.

En definitiva, la motivación es importantísima y de gran utilidad para nuestro trabajo diario, no obstante debemos tener cuidado para no caer en la “motivadicción”, una motivación mal entendida que nos hace permanecer inmutables frente a lo que sucede a nuestro alrededor y  por lo tanto nos limita a la hora de adaptarnos y sobre todo a la hora de comprender lo que sucede a los demás.

¿Conoces algún «motivadict@»?

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